Mi hermana Su cabalga de nuevo. Y mi cuñao el ingeniero con cara de circunstancias después de intentar utilizar el lomo de Jambo como almohadón o puf, y recibir un gruñido de advertencia. Jambo solo se deja con las chicas.
Cuando Laluz se pone tex-mex... Haciendo guacamole, minipimer en mano, frente al humeante wok donde se sofríen los pimientos y la carne para las fajitas. El humo y el gorro de cocinero son cortesía del Photoshop de Carlos Carrión.
Carrioncito y la Chiqui, de visita por casa, haciendo el ganso en la batería de costa de Cabo Tiñoso, una de las excursiones que hicimos este fin de semana de inmersión cartagenera.
Aún más turbulento y suicida era Alejandro Obregón. (...) Era un pintor nacido en Barcelona en 1920. Su familia era propietaria de una fábrica textil en Barranquilla y del hotel de lujo de la ciudad, el Prado. Casado y divorciado varias veces, y tan atrayente para las mujeres como Cepeda, Obregón era el arquetipo del pintor apasionado, y a mediados de los cuarenta su reputación iba en aumento. (...) Sus hazañas son legendarias en Barranquilla: enfrentarse sin ayuda de nadie a varios marines estadounidenses después de que maltrataran a una prostituta; comerse el gran grillo amaestrado de un compañero de copas de un solo bocado; romper la puerta de su bar favorito a lomos de un elefante alquilado en un circo local; hacer de Guillermo Tell con sus amigos utilizando botellas en lugar de flechas; disparar a su perro predilecto un tiro en la cabeza después de que quedara paralizado tras un accidente, y decenas de anécdotas más.
Gerald Martin, Gabriel García Márquez, un mago, Debate
De la insoportable y maravillosa El vientre del arquitecto, de Peter Greenaway.
BSO: The struggle for pleasure, del maravilloso e insoportable Wim Mertens.
Cuando la vida abandona al arenque, éste muda sus colores. El costado se torna azul, las mandíbulas y las branquias rojas inyectadas en sangre. Entre las particularidades del arenque también cuenta que su cuerpo muerto comienza a fulgurar en el aire. Esta curiosa fuerza lumínica, parecida a la fosforescencia y sin embargo radicalmente distinta, alcanza su apogeo pocos días después de la aparición de la muerte, y mengua según el pez va descomponiéndose. Durante mucho tiempo, incluso creo que aun el día de hoy, sigue siendo inexplicable la razón de la luminosidad de los arenques muertos. Alrededor de 1870, cuando en todo el mundo se estaba trabajando en proyectos para el completo alumbrado de nuestras ciudades, dos científicos ingleses, con los nombres curiosamente apropiados a su investigación, Herrington y Lightbown, estudiaron este singular fenómeno de la naturaleza con la esperanza de que de la sustancia luminosa segregada por los arenques muertos pudiera hacerse derivar la fórmula de la producción de una sustancia luminosa orgánica, en constante regeneración propia. El fracaso de este excéntrico plan fue, según lo que he leído hace poco en una monografía sobre la historia de la luz artificial, un retroceso apenas digno de ser mencionado en la incontenible supresión de la oscuridad.
Cuando los zapatos aprietan, buena señal. Algo cambia ahí, algo que nos muestra, que sordamente nos pone, nos plantea. Por eso los monstruos son tan populares y los diarios se extasían con los terneros bicéfalos. ¡Qué oportunidades, qué esbozo de un gran salto hacia lo otro! Julio Cortázar