Kawasaki
el 30 jun En: Sucesos - 7 comentarios
—Me preguntó si se estaba muriendo.
—¿Quién?
—El chaval de la Kawasaki, cojones. El otro estaba bien. Pero el chaval estaba tendido a más de veinte metros de la furgoneta que se había saltado el stop.
—Ah, perdona. Me he despistado. ¿Y se estaba muriendo?
—Tenía toda la pinta.
—¿Y el tío no lo lo sabía?
—Estaba como atontado. No, no se enteraba. Supongo que se iba haciendo a la idea. Un sexto sentido o algo. Pero no lo sé. En cualquier caso, si se coscaba, lo hacía muy poco a poco. Como si no quisiera creérselo.
—¿Y qué hiciste? No puedes mover a un tío que se ha dado una piña, ¿no? Lo puedes dejar parapléjico.
—Le levanté la visera del casco. Respiraba superficial y entrecortadamente, pero respiraba. Grandes buches de aire que se le amontonaban en la laringe. Le dije que no se preocupase, que la ambulancia vendría enseguida.
—Por decir algo.
—Sí. Y le puse la mano en el pecho. Parecía que se iba tranquilizando. Le hablé despacio. No se enteraba muy bien, pero asentía. Le pregunté su nombre. Me lo dijo. Sus apellidos. Me los dijo. De dónde eres... En ese plan.
—Pues sí que tuviste presencia de ánimo. ¿Y de dónde era?
—De Fuente Álamo. Así estuvimos un rato. La verdad es que no soy muy bueno dando conversación.
—Hombre, las circunstancias no ayudaban... ¿Quedan birras?
—He metido en el congelador porque estaban calientes. Espérate un poco y te traigo otra.
—Gracias. ¿Y qué? ¿Le diste mucho palique?
—No. Me dijo que tenía sueño. Yo no quería que se durmiese. Es malo, creo. Lo he visto en las series de televisión.
—No tiene que ser muy bueno.
—Le quité el guante de cuero y le apreté la mano. Me devolvió el apretón. O lo intentó. Me desagradaba su mano blanda, adiposa, los dedos flojos.
—Da un poco de repelús.
—Lo peor vino después. De repente, el chaval abrió la boca. Abrió tanto la boca que parecía que la mandíbula se le iba a desencajar.
—Hostia.
—Le pregunté si estaba bien. Si quería algo. Si quería decirme algo. Fue una impresión muy rara. Yo me sentía como el dependiente de una tienda que pregunta: ¿desea algo más? Cuando sabe que el cliente no desea nada más. Mejor dicho, sí que desea, pero no puede pagarlo. ¿Me entiendes?
—Me hago una idea. ¿Y qué pasó?
—Yo le decía que no se preocupase. Se lo repetía: no te preocupes, chaval. No te preocupes... La ambulancia viene enseguida.
—Pero la ambulancia no llegaba. Esos cabrones se hacían de rogar, ¿no?
—Sí. Y me comí yo todo el marrón.
—O sea, que el tío estaba listo de papeles…
—Espera. El pecho se infló entonces como un globo. Te lo juro, tío. La caja torácica se le puso como un bombo.
—Joder. ¿Y qué hiciste?
—Pues, nada. Bueno sí, retiré la mano. Me daba un poco de asco.
—Ya. Normal.
—Pero luego me arrepentí y volví a poner la mano donde estaba.
—Eres mi héroe.
—Su pecho siguió hinchándose, pero ahora mucho más despacio, como un bizcocho que se esponja en el horno.
—¿Cómo qué?
—Mierda, no sé explicarlo mejor. Supongo que no había nada que hacer, pero cuando aumentaba la presión de mi mano sobre su pecho, todavía podía percibir algo...
—¿A qué te refieres?
—Algo... como una marea incontenible que inundaba sus pulmones.
—Se le estaban encharcando.
—Imagino. Era como un oleaje. Olas calientes que rompían contra sus costillas antes de replegarse mansamente.
—Las birras ya estarán, ¿no? A mí me da igual que estén un poco calentuchas.
—Voy a ver.
—Ya voy yo. No te levantes. ¿Y la palmó al final?


y la palmo al final o no?
sí
lo siento por el, una vida es una vida, tal como un gorrino y un koala son una granja.
Ufffffffffffffffffffffffffffffff...
¡Qué mal cuerpo se me acaba de quedar, en serio!
Deberías avisar, tío. Un asterisco o una nota a pie de página con numerico en el título, con el rollo de que puede herir la sensibilidad y esas cosas...
Hoy vi a un gato retorciéndose en el arcén y casi me da un yuyu, así que no quiero imaginarme en una situación similar: creo que no la superaría nunca.
Joder, que mal no?
Yo vi algo parecido, un chico en moto que hiba haciendo caballitos, no le dio a frenar y se estampo contra el coche de delante, el chaval salio volando, fue impresionante.Mis padres me dijeron: ¡no salgas del coche!
yo era pequeñaja asi que estaba acojonada, pero bueno esta historia tubo final feliz, la ambulancia llego enseguida.
saludos!
Se me olvidó decirte que fuiste un valiente.
en realidad estaba currando. hice sucesos en un periódico que se llama la verdad (je) unos cuantos años.