Jugador de póquer
el 2 jul En: Retratos - 2 comentarios
Solía un guiño preceder al indulto, pero aquella noche había saqueado nuestras huchas y no había doble fondo en su cara inexpresiva, atalaya de naipes, seriedad y humo de Chester. En pijama y al borde de las lágrimas, escrutábamos en sus ojos misteriosamente opacos la inminencia de la sonrisa pícara, ancha, acogedora…
Pero papá a lo suyo, embaucando a las reinas con su mezquino galanteo a porcentaje, diciendo que no iba cuando a las mejillas nos afloraban escaleras, desplumándonos fríamente, con una indiferencia que me acongojaba, porque así es, así se suponía que debía ser la edad adulta, así de implacable.
Supe entonces que ni la muy noble gallardía de mi hermano, que se jugó hasta la última moneda a un proyecto de color, ni mi nudo culpable en la garganta mientras recogía mansurronamente la poca calderilla, enternecerían nunca más a ese sanguinario e incomprensible dios del Antiguo Testamento: el azar, socio de mi padre.


El azar no es socio de nadie... o al menos, no fiable.
Además de fotógrafo, en mi opinión podrías ser redactor...
Me ha encantado este paseo por tus anécdotas; seguiré visitando.
¡Un saludo!
Coincido, coincido... podrías dedicarte a escribir lo que fuera, publicarlo, y yo pagaría por leerlo.
Qué bien que nos lo des gratis.
:)
(sigo leyendo, he empezado por el principio, y voy cuadrando cosas)