Submarino de bolsillo
el 4 jul En: Postales - 2 comentarios
El ingeniero naval Matías Hexamer tenía los ojos grises, el mentón escorado y la camisa artillada con lápices afiladísimos. Mi padre lo invitaba a michirones en el merendero de Portmán, donde bebían mixtela ante un plano inmenso cuyas líneas de cota corregían con huesos de aceituna y altramuces. "Es hermoso, pero no sirve para la guerra", objetaba mi padre, "si lanza un torpedo dará la voltereta". Mi padre ladeaba la cabeza; decía glub, glub y señalaba con el pulgar hacia abajo. El pulgar se hundía trágicamente.
Herr Hexamer cogía un lápiz, en apretada bastardilla anotaba sobre el plano ecuaciones enérgicas; se amparaba en la mecánica de fluidos y sus viscosas leyes; recitaba las virtudes corsarias del snorkel y otros irreprochables argumentos, loados y rechazados por su condescendiente interlocutor sin una sola justificación técnica. Fuera de sus casillas, vociferaba incoherencias sobre el mar del Norte y el honor sagrado de la Kriegsmarine… "Nunca irá más allá de la isla de Escombreras", sentenciaba mi padre. "El honor de la Kriegsmarine", insistía Hexamer…
Elizalde, mi hermano y yo, y alguno más de la pandilla, hijos de empleados de Bazán, morenos y salvajes como apaches, nos lanzábamos al agua en el club de regatas cuando el submarino de bolsillo regresaba de una misión de adiestramiento; y trepábamos a su cubierta, piratas al abordaje, hasta que se abría la escotilla –un cupulín de plexiglás–, y el capitán sacaba la cabeza y agitaba el puño y maldecía.
De sus servicios prescindió la Marina, y nunca fue más lejos de la isla de Escombreras, porque al soplar lastres su estabilidad era inconcebiblemente negativa, y con mar de través se encabritaba y terminaba flotando boca abajo, quilla al aire, cada vez que disparaba un torpedo, ¡pero qué trampolín tan divertido, qué marrajo desdentado!



Pero bueno... tu padre también equivocó la profesión! Jodida tendencia la de este país... Aunque la cosa será al final que es que hay saberes que no se estudian en ningún libro, ¿no?
mi padre trabajó en submarinos, control de calidad de soldaduras, era muy bueno en su trabajo, ya se jubiló; no se ha jubilado de la ludopatía.