El ex piloto inglés de un bombardero ha asistido a varias conferencias provisto de auriculares para la traducción simultánea. Y ha estrechado manos blandas, algunas más temblorosas que la suya, durante toda la mañana. Nuestra conversación es del tipo: Estos actos oficiales son tan emocionantes... Qué perfecta organización. Qué germánica puntualidad. ¡Qué coñazo, por dios! ¿Para qué revista, dice? ¿Y sus jefas querían la foto de los duques de Windsor? Sí. ¿No serán los de York? Pues ahora que lo dice... Fuck them... Usted sí que sabe.

El ex piloto inglés tiene su gracia. Imagino que del escuadrón de 'Bomber' Harris... Implacable y metódicamente sanguinario. Y a estas alturas de la vida, liviano, ocurrente... Cariñoso abuelito de sus nietos (me enseña fotos), con los mofletes arrebolados y la nariz como un pimiento, con la dentadura postiza relampagueante... ¡Y va achispado! Y ha ido al servicio dos veces antes de que retiren los entremeses. El vino del Rin mezcla tan bien con las pastillas para la incontinencia.

Después de tres o cuatro brindis (hay que ver cómo pimplan estos héroes metidos en años) el expiloto inglés vence la cautela y se dirige a su compañero de mesa, un superviviente alemán, no sé si civil o de las SS, cualquiera sabe después de lo de Günter Grass. Y con un periodista español que bosteza disimuladamente como testigo, el ex piloto le pregunta al superviviente algo que sólo se puede preguntar con un alto octanaje en sangre.

Por desgracia, su interlocutor es duro de oído o sólo habla alemán. Y hay preguntas que no se pueden repetir en voz alta impunemente. Así que el ex piloto se resigna. Se queda para siempre con la duda. La deja correr... Era una tontería, al fin y al cabo.

Pero cómo le hubiera gustado saber (y a mí también, ya no bostezo) de aquella jirafa que él entrevió desde la cabina de su Lancaster. Aquella jirafa que huía del zoo, desorientada y libre, por las calles de Dresde... Aquella jirafa con una larga melena de llamas pelirrojas (sin duda su memoria está contaminada por un cuadro de Dalí).

¿Qué fue de ella?

Le digo que seguramente acabó en los estómagos de algunos de los sonrosados ancianitos que conmemoran la efeméride. Y que alzan nuevamente sus copas por la paz y la reconciliación.

El ex piloto inglés me mira y luego me dice que sí, seguramente. Yes, oh yes, most probably... Y los dos miramos al superviviente alemán del bombardeo (ojos de un azul clarísimo, traje gris de catedrático jubilado) como si tuviésemos delante al mismísimo Josef Mengele.