Jirafa en llamas
el 5 sep En: Retratos - 7 comentarios
El ex piloto inglés de un bombardero ha asistido a varias conferencias provisto de auriculares para la traducción simultánea. Y ha estrechado manos blandas, algunas más temblorosas que la suya, durante toda la mañana. Nuestra conversación es del tipo: Estos actos oficiales son tan emocionantes... Qué perfecta organización. Qué germánica puntualidad. ¡Qué coñazo, por dios! ¿Para qué revista, dice? ¿Y sus jefas querían la foto de los duques de Windsor? Sí. ¿No serán los de York? Pues ahora que lo dice... Fuck them... Usted sí que sabe.
El ex piloto inglés tiene su gracia. Imagino que del escuadrón de 'Bomber' Harris... Implacable y metódicamente sanguinario. Y a estas alturas de la vida, liviano, ocurrente... Cariñoso abuelito de sus nietos (me enseña fotos), con los mofletes arrebolados y la nariz como un pimiento, con la dentadura postiza relampagueante... ¡Y va achispado! Y ha ido al servicio dos veces antes de que retiren los entremeses. El vino del Rin mezcla tan bien con las pastillas para la incontinencia.
Después de tres o cuatro brindis (hay que ver cómo pimplan estos héroes metidos en años) el expiloto inglés vence la cautela y se dirige a su compañero de mesa, un superviviente alemán, no sé si civil o de las SS, cualquiera sabe después de lo de Günter Grass. Y con un periodista español que bosteza disimuladamente como testigo, el ex piloto le pregunta al superviviente algo que sólo se puede preguntar con un alto octanaje en sangre.
Por desgracia, su interlocutor es duro de oído o sólo habla alemán. Y hay preguntas que no se pueden repetir en voz alta impunemente. Así que el ex piloto se resigna. Se queda para siempre con la duda. La deja correr... Era una tontería, al fin y al cabo.
Pero cómo le hubiera gustado saber (y a mí también, ya no bostezo) de aquella jirafa que él entrevió desde la cabina de su Lancaster. Aquella jirafa que huía del zoo, desorientada y libre, por las calles de Dresde... Aquella jirafa con una larga melena de llamas pelirrojas (sin duda su memoria está contaminada por un cuadro de Dalí).
¿Qué fue de ella?
Le digo que seguramente acabó en los estómagos de algunos de los sonrosados ancianitos que conmemoran la efeméride. Y que alzan nuevamente sus copas por la paz y la reconciliación.
El ex piloto inglés me mira y luego me dice que sí, seguramente. Yes, oh yes, most probably... Y los dos miramos al superviviente alemán del bombardeo (ojos de un azul clarísimo, traje gris de catedrático jubilado) como si tuviésemos delante al mismísimo Josef Mengele.


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No he parado de reirme. Hasta ahora. No he parado de reirme.
Voy a hacer los deberes para mañana.
estooo... gracias psikke. no sé qué pensar. en realidad lo que intentaba era un estudio sobre la culpa. lo relativo que es el sentimiento de culpa, si es que alguien se siente culpable en este mundo, que empiezo a dudarlo. pero como suele pasarme cuando me pongo pelmazo (o sea, filosófico), me he liado. y al final me he dado por vencido, cautivo y derrotado el ejército... ya sabes. pero si te ríes, sé que por lo menos ha servido para algo. :) un beso.
leches. creo que era "cautivo y desarmado"... por cierto, estoy deseando que termines los deberes.
La primera vez que lo he leído he pensado en aquel Laszlo de "La Caja de Música".
La segunda vez me he tomado la libertad de "tunearlo" y he buscado un nombre para los personajes... y ahí se ha armado. No es de extrañar tu perplejidad ante mis donaldescas carcajadas.
No he podido acabar los deberes. Me duele la muela y el estómago. Además se me ha caído el lápiz al suelo y no logro encontrarlo. Como son para mañana, con esto y un bizcocho....
jo qué bueno
desorientada y libre, la jirafa.
la vejez no les sienta igual a todos, pero cuando se trata de brindar...
Pues a mí lo que me más llamaba la atención era que presuntos víctima y verdugo (¿?) estuvieran compartiendo mesa tan tranquilamente, como si nada, aquí paz y después gloria... la culpabilidad, la difumina el tiempo y "los ojos que no ven", que son los que no lo han vivido. Nadie puede odiar toda la vida. Y nadie puede cargar tampoco toda la vida con remordimientos. Yo creo que ambos sentimientos termina expulsándolos el cuerpo, justificándolos, relativizándolos, en no sé si legítima, pero vital defensa. Porque ambos sentimientos corroen por dentro. Y, al final, uno busca la paz, aún a costa de "obviar".
También, después de todo, supongo que habría que verse en sus circunstancias (las de ellos ambos); desde aquí y las nuestras es muy fácil, y seguro que sesgado, juzgar... También va eso en descarga de Günter Grass.
En fin. Todo eso pensaba, y en la pobre jirafa. Cada vez que me quemo una décima de segundo encendiendo los fogones (y es cada vez), pienso en el horror tan tremebundo de quienes han corrido esa horripilante suerte. Personas, o animales. Seguro que duele igual.
Petonets!
¿ Seguro que no bebieron ni una gota de absenta ?