La descubrí en el libro de texto de Latín, o de Lengua y Cultura Clásicas, no me acuerdo, quizá era el mismo. Tercero de BUP. De eso sí me acuerdo. La redecilla en el pelo, el boli (stylo, o como se llame), los ojos almendrados, enormes, y en la punta de los labios un pentámetro...
El pie de foto rezaba Poetisa en Pompeya, asépticamente.
Aquel pie escondía una información fundamental. Aquella poetisa era Safo. Pero, claro, en tercero de BUP, y en los años ochenta, tampoco era cuestión de dar demasiadas pistas sobre según qué personajes.
Poetisa en Pompeya. Un boli. Unas tablillas con poemas. Y yo, que era un flecha traduciendo la Eneida por pura aproximación intuitiva, sin enterarme de dónde estaban los dativos, o los ablativos, y clavándola mientras los demás le daban al diccionario, tenía largos minutos en clase para contemplarla embelesado.
Me enamoré hasta las cachas, por supuesto.
Los malentendidos son así. Son muy capaces de marcarte la vida. Son potentes. Te abren caminos que no esperas. Yo le hago mucho caso a los malentendidos. Me fío de ellos. Son la hostia, los malentendidos.
Poetisa en Pompeya. Era una poetisa anónima porque los de la editorial Santillana, o Edelvives, creo que por entonces no debía haber muchas más... eran unos tiquismiquis y no era cuestión de airear la identidad de una señorita a la que le molaban las señoritas hace 25 siglos (debería comprobar fechas en la wiki, pero me corta el ritmo, luego miro).
Claro, yo no manejaba aquella información privilegiada. Yo la imaginaba a punto de ser sepultada por la erupción del volcán (¿el Etna, el Vesubio?, nunca me acuerdo), escribiendo a toda prisa en yámbicos y dáctilos una oda de despedida a su amado, que seguro que tendría un amado. Y sería tipo gladiador macizo. Y se me adelantó, el muy cabrón.
La he buscado desde los 16 años. La he encontrado varias veces. Esta manía mía de enamorarme como un becerro de las poetisas en Pompeya, en Orihuela, en Teherán, en Concepción o en Barcelona. Podría hacer una lista: Blanca Andreu, Almudena Guzmán, Sylvia Plath, Forough Farroukhzar, Rosa Belmonte, Alejandra Domínguez...
Podría hacer una lista, pero no la haré.
Lo que quiero decir es que a mí un buen culo y un par de tetas, no lo niego, macho ibérico como el que más, de Atapuerca al andamio... Pero lo que me pierde de verdad, lo que me deja inerme, embelesado y babeando, es un adjetivo bien puesto. Un buen par de metáforas.