El halcón de Homayoun (y 2)
el 5 nov En: Retratos - 10 comentarios
Una tetería (chai jané) del sur de Teherán. Solo hombres y todos fumando como carreteros. (Si estuviéramos en un barrio pijo del norte, habría chicas. Las chicas iraníes me ponen. Son sofisticadas, guapísimas, llevan el pañuelo a juego con el rupush, enseñan tobillo, se pintan los labios. En la calle parecen modositas, pero te miran con descaro, a los ojos). Homayoun fuma gelium (pipa de agua), yo le he dado un par de caladas por compromiso, pero odio el humo en mis pulmones, cualquier clase de humo, aunque sea un tabaco suavísimo con aroma a manzanas. Homayoun habla inglés apache y farsiñol (una mezcla de farsi y español), yo no hablo ni papa de farsi, salvo lo típico de un turista: mustaguim mustaguim (todo recto, que es lo que te contesta un iraní cuando le pides una dirección, cualquier dirección), lotfan (por favor), jub (bueno), jeily jub (muy bueno), sí (baleh), no (nah), que no (nah nah), que no hostia que no (nah, jeir, najeir) y cosas así… (Por cierto, gracias se puede decir moteshak keram o mersi, igual que en francés o catalán).
-¿Chai?
-Sí, chai todo el que quieras… Y ahora cuéntame la historia del halcón.
-Pero ya te la he contado.
-Sí, pero quiero apuntarla en mi cuaderno. Quiero tomar notas. Me gusta esa historia.
-No es gran cosa, tú sabrás. ¿Por dónde empiezo?
-Por el principio, Homayoun… In the beginning…
Pues nada, cogimos el coche y nos fuimos de excursión al norte. Mis amigos y yo. Por la carretera de Chalús. Es una carretera de montaña preciosa que conecta Teherán con el mar Caspio. Tiene que salvar los montes Elburz. Tenemos que ir.
-No me da tiempo, tío, me voy a Isfahán cagando leches.
-Cagando leches. Shitting milk?
-Es una expresión. Sigue.
La carretera de Chalús es muy bonita. Es un placer conducir por ella. También es muy peligrosa. En algunos tramos es muy estrecha. Hay algunos túneles. A un lado de la carretera te sumerges en la sombra gigantesca de la montaña. Algunas veces se desprenden rocas que bloquean el camino. Si tienes mala suerte te pueden caer encima del coche… Al otro lado hay un valle profundo. La carretera está llena de curvas y si no vas con cuidado puedes acabar en el fondo del valle. Algunas veces hay bancos de niebla y conduces a ciegas. Al principio hay un lago artificial y una de las presas más grandes de Irán. La gente va allí a nadar y a hacer esquí acuático.
-Homayoun, no te enrolles. Es la historia de tu halcón, no de la carretera de Chalús.
-Como dijiste “in the beginning”…
-Ya, pero hay que seleccionar.
-Oye, hazme un favor. Lo que te voy a decir ahora es mentira. Pero me gustaría que lo anotases.
-No te entiendo.
-Me gustaría que la historia hubiera sido así, pero no fue así. Quiero que apuntes cómo me hubiera gustado que fuera, aunque sea falso. Y luego sigo con la historia verdadera, ¿vale?
-De acuerdo.
Cuando nos acercábamos al pueblo de Chalús vi un halcón en el cielo. No estaba seguro de que fuera un halcón. Al principio me pareció un águila. Admiro a las aves de presa. Son un símbolo de poder. Amo a los animales y tengo algunos en casa, pero nunca había tenido la oportunidad de estar cerca de un halcón. Ni de tocar su plumaje. Yo quería hacerme su amigo. Mis antepasados tuvieron halcones.
-Tío, es un poco cursi.
-Los iraníes somos un poco cursis. Nos sabemos de memoria estrofas y estrofas de nuestros poetas medievales favoritos, Hafez, Rumi... Yo me sé también de los españoles. Fray Luis, Garcilaso...
-Que sí, pero vamos al grano. Dime lo que pasó de verdad.
Lo que pasó en realidad es que nos acercábamos al pueblo. Siempre hay algunos niños que venden frutas, pistachos. Algunos gritan “se alquila casa vacía”. Se ganan la vida así. Cuando pasamos con el coche, me di cuenta de que uno de ellos tenía algo raro en la mano. Le dije al conductor que parase. Bajé. Fui hacia el niño. Mis amigos decían que vendía fruta, como los otros. Pero yo sabía que lo que había visto en su mano se movía. Estaba vivo. Era un pájaro. Un halcón pequeño.
-¿Es legal vender halcones?
-No, los cazadores furtivos ponen trampas y los cogen para vendérselos a nuestros vecinos árabes. Les encanta la cetrería.
De cualquier modo, no podía resistirme y le compré el halcón al chico sin dudarlo. Era el primer día de nuestras vacaciones, que iban a durar una semana. ¿Dónde lo metería? ¿Cómo lo alimentaría? No pensé en nada de eso antes de comprarlo. Sólo quería que fuese mío. Empecé a regatear con el chico y después de un rato el halcón ya era mío.
-¿Cuánto te costó?
-Barato, no me acuerdo, hace mucho tiempo.
-Sigue.
Era hermoso. Una cría. Probablemente había dejado su nido hacía poco, no tenía la experiencia de sus padres y cayó en la trampa. Me daban un poco de miedo sus garras afiladas y el gran pico. No lo podía coger con las manos o llevarlo dentro del coche. Era tan salvaje y tenía tanto miedo de los seres humanos… Somos sus peores enemigos. Lo tuve que meter en una caja de cartón y ponerlo en el maletero.
-¿En el maletero?
-Si, íbamos a un hotel. Pero no podía tener al pobre halcón en el maletero del coche toda la semana. Paramos en la primera carnicería que vimos y compramos algo de carne.
-¿Y luego?
Me las arreglé para meter al halcón en el hotel sin que se enterasen los empleados. Ya en la habitación, lo alimenté con trocitos de carne. Así empezó nuestra amistad. Era magnífico. Empezó a comer la carne cruda de mi mano. Parecía que llevaba varios días sin comer. Tenía tanta hambre...
-¿Era macho o hembra?
-Macho. El siguiente problema fue los extraños ruidos que hacía durante nuestra estancia en el hotel. ¿Qué pensaría el dueño de esos ruidos que salían de mi habitación?
-Por favor, Homayoun, descríbeme esos ruidos...
-Pues eran grititos, graznidos, no sé…
-¿Podrías imitarlos?
-Pues no, baradar, que estamos en una tetería…
-Qué pena, continúa.
Lo escondía en la caja de cartón cuando salíamos del hotel. No podía dejarlo solo en la habitación. Un día fuimos a la villa de un amigo que no sabía nada del halcón. Le gasté una broma. Le pedí que trajera mi equipaje del coche y le di la llave. Mi pobre amigo, tan pronto como abrió el maletero, vio que el halcón se abalanzaba sobre él.
-Y se cagó en tus muertos.
-Bueno, nuestros insultos son distintos a los vuestros.
-¿Por ejemplo?
-Nosotros diríamos... mmm... bi damaghi babat rydam... Me hago caca en la nariz de tu papá.
-Tampoco es tan distinto. ¿Qué es lo peor que le puedes decir a un iraní?
-¿Lo peor de lo peor?
-Sí.
-Árabe.
-¿Algo más?
-Afeminado.
-¿Y tú no insultas nunca?
-No, no me gusta. Como mucho, si estoy muy enfadado cuando voy conduciendo por Teherán, suelto algún "guz bi rishit".
-¿Y qué significa?
-Algo así como "me tiro un pedo en tu barba".
-No está mal, volvamos al halcón, ¿qué hiciste?
Lo tuve que encadenar. Mi amigo todavía estaba asustado. Pasamos aquella semana y el viaje tocaba a su fin. El halcón y yo nos conocíamos mejor cada día. Todavía tenía miedo del resto de la gente. Pero sabía que yo era el único que le podía alimentar. Si te gustan los animales, ellos lo detectan y se sienten a gusto contigo. Y este pájaro era demasiado inteligente para no saber que me gustaba mucho.
-Y te lo llevaste a casa…
-Yo sabía que a mi padre le iba a gustar también. Pero tenía dudas sobre mi madre. Los perros forman parte de nuestra familia. Yo tengo peces, palomas, canarios, pero nunca había tenido un halcón. ¿Se convertiría también en parte de la familia? Tenía que esperar y hacer la presentación oficial del pájaro a mis padres. Como me imaginaba, mi madre tenía tanto miedo que no se acercó a él. Pero mi padre se puso muy contento. Es cazador y le encanta la naturaleza.
Construí una casita de madera con una puerta para el halcón. Cada día que pasaba teníamos más confianza. Y un día me puse unos guantes gruesos y cogí el pájaro. Permaneció en mi mano. Era maravilloso. Mi madre se puso histérica y me dijo que el halcón me iba a atacar y comerse mis ojos. Pero yo no estaba asustado. Sabía que el halcón no haría daño a la persona que lo alimentaba. Cuando lo tenía en mi mano, me sentía poderoso. Sentí que compartía alguna clase de poder.
-Eso me interesa. Lo de la sensación de poder. Explícamelo.
No sé. Me sentía unido al halcón. Y tuve la impresión de que el halcón quizá sintiera algo similar. Yo, desde luego, estaba orgulloso y excitado. Salí a la calle. La gente que pasaba se quedaba sorprendida. Algunos se asustaban. Mi padre me sugirió que quizá deberíamos alimentarlo con pájaros pequeños, como gorriones. Tengo que confesar que maté unos cuantos para mi halcón. Utilicé mi escopeta de aire comprimido. Tenía que matar a una criatura para mantener viva a otra. Pero es la ley de la naturaleza. El poderoso seguirá vivo y el débil será sacrificado.
-Tampoco hace falta ponerse tan melodramático. Puedes matar a todos los gorriones que quieras, si es que consigues acertarles... Pero es un crimen matar a un ruiseñor...
-¿Y eso?
-Es de un libro. To kill a mockingbird... Yo también me sé pasajes de memoria...
-Tú eres medio iraní... El caso es no me gustaba matar gorriones. Lo que pasa es que al halcón los prefería antes que la carne cruda de la carnicería, así que de vez en cuando le daba una alegría.
Mi madre siempre se estaba quejando. Un día me preguntó si ésta era su casa o la casa del halcón. Se le notaba que tenía mucho miedo. Mi halcón nunca voló mientras estuvo con nosotros. Aquel niño había cortado las plumas más importantes de sus alas con unas tijeras para que no pudiera volar. También cortamos las alas de los palomos hasta que se acostumbran a su palomar. Pero hay que hacerlo con mucho cuidado para no herir al animal. Una vez que las plumas crecen de nuevo, el palomo puede volar otra vez. Ya conoce su hogar muy bien y es capaz de regresar a su nido. No se escapa. Pero el caso de mi halcón era diferente. Aquel niño ignorante y cruel había lastimado al animal malamente. Su ala sangraba la mayor parte del tiempo y no pudimos hacer demasiado.
-Pobre.
-Oye, Carlos
-Dime.
-Lo que te voy a contar ahora es falso.
-¿Ya estamos otra vez?
-Sí, pero me gustaría que la historia hubiese acabado así. Anota, por favor.
Aunque estábamos muy unidos y éramos amigos, yo sabía que un día tendría que liberar al halcón. Pertenece a la naturaleza y tenía que volver al cielo. Vivir su vida en libertad. Y yo la mía... Un día lo saqué de la ciudad y lo llevé al campo. Sencillamente lo dejé marchar. Se fue volando.
-Pero no decías que nunca voló.
-Tú apunta.
Se fue volando. Dio una vuelta por el cielo y volvió hacia mí. Le daba pena separarse de mí. Y se posó en mi mano otra vez. Varias veces tuve que insistir para que se marchara, hasta que se fue. Pertenecía a la naturaleza.
-¿Qué pasó en realidad, Homayoun?
-¿La verdad?
-Sí.
-La verdad es que no podíamos tener el ave en casa más tiempo. Teníamos perros y el halcón tenía mucho miedo de los perros. Su ala estaba herida. Alimentarlo era un problema y no podíamos matar gorriones constantemente. Mi madre tenía miedo y yo tenía que irme al servicio militar. Estábamos en guerra con Irak. Y nadie podía cuidarlo durante mi ausencia.
-¿Entonces?
Hay un mercado en Teherán donde puedes comprar o vender toda clase de animales domésticos. Y a veces también salvajes. Lo llevé al mercado. Si hubiera podido volar, de verdad que lo hubiera dejado libre. Pero no podía volar. No lo vendí por el dinero. El dinero era lo de menos. Y lo compró alguien que dijo que lo cuidaría, alguien que dijo que le enseñaría a volar.
-¿Eso es cierto?
-(...)
-¿Lo cuidó?
-(...)
-¿Sabes qué fue de tu halcón, Homayoun?
-¿Terminaste, baradar? ¿Lo has apuntado todo?


Cuando vuelvas por aquí te llevaré a ver halcones.
http://www.cimaligues.net/
Me da tristeza que un ave no pueda volar...
tu prometido también ha estado liado con pájaros. Sansar se los carga(ba), él los salva. y es curioso lo que comentaba honey, cómo nos dan ramalazos de sincronía entre blogueros. recuerdo la semana en la que andábamos todos con la libido taquicárdica. y ahora pájaros. ¿qué nos depararán los días venideros?
Si, hay una soncronía que de repente se extiende... los pájaros son importantes para nosotros, desde hace un tiempo ya. Desde que sentimos miles de pájaros volar dentro de nostros mismos. Desde que El Notas los persigue en su paseo diario por la playa. Y desde siempre, desde que nos gusta ser libres.
Salam, baradar de alma,
Que cuento tan maravilloso, has renovado la memoria de Halcón y también la memoria de los buenos días que pasamos en Teherán.
Me encanta mucho todas las partes del cuento, especialmente la alteración del cuento en conformidad con mi deseo.
Te invito a visitarme en teheran de nuevo para decirte otro cuento sobre mi loro que se llama Agha Casy o Señor Casy” es un loro hablador “African Greay Parrot”
Un abrazo
Tu hermano / Homayoun
mersi baradar por visitar mi blog. mi casa es tu casa, homayoun.
jajajajja... gracias por el mp3 de tu loro aprendiendo farsi... lo siento, no entiendo ni una palabra!!!
tengo una amiga, mery, que toca la guitarra de maravilla, creo que deberías enviarle algunos mp3 de tus canciones (a mí me gustan las adaptaciones de tu amiga roshanak del laúd persa o como se llame a la guitarra española, especialmente la de mezrabeh esfahan...), podrías tocar duetos, puedes ponerte en contacto con ella en su precioso blog www.lacoctelera.com/saudade
dile que vas de mi parte ;)
con un poco de suerte nos volveremos a ver el año que viene, inshallah.
khoda hafez, baradar
homayoun, ver en las estadísticas la bandera de "iran, republic of" mola un montón. me has emocionado, hermano. ¿cómo llevas tu diccionario farsi-español?
(para los que no lo sepan, que nadie lo sabrá, homayoun saleh está escribiendo desde hace un montón de años un diccionario farsi-español, además de currar y tocar la guitarra).
y es el tío más amable, gentil y buena persona que conozco.
Laluz es genial el relato, coincido con Homayoun en el humor y los giros que le da al cuento las alteraciones por su deseo, tiene que ser buena gente, y los insultos iraníes geniales, jajajaja. Un amigo que hacía igual, tenía un cernícalo, no un halcón, y hería pájaros con la escopeta de aire comprimido y se los daba casi vivos al bicho para que no perdiera el instinto decía él, o vete tu a saber porque. Un día le pregunté por el ave y me dijo que desapareció, que se lo comió un gato, este no tenía ni un ápice de poesía en su cabeza para alterar la historia, que se le va hacer. Un abrazo.
pobre cernícalo, davichof. lo que cuentas del instinto me recuerda a eso que dicen de que a los perros, aunque coman pienso, de vez en cuando hay que darles carne cruda "para que no pierdan el instinto". supongo que el instinto cazador, predador...
¿qué hay que darnos a los humanos para que no perdamos el instinto? y ahora que lo pienso, ¿qué instinto hemos perdido? supongo que la caza o la depredación son formas muy brutas y poco evolucionadas de la curiosidad... esto, me he perdío.
joer, son las ocho. qué día horrible. yo poniéndome exquisito en un comment y no me sale ná. me voy a leer tu post del jurado, davichof.
Joder, qué tierno. Joder y tierno no casan muy bien, pero me da igual. O sí que casan. Yo que sé, me acabo de levantar.
Tu colega es un tio estupendo. Me apunto los insultos iraníes, que me han hecho reír con el primer café. Así da gusto.
:)