A estas alturas, mi Goran es más que un perro adoptado. Es mi yo perruno. Mi alter ego más noble. Una babeante y meona reencarnación en vida. Hoy lo he sacado por el campo y la primera cacota era tan multicolor, tan erizada de hilos de lana de alegres tonalidades (Manoli y yo sospechamos que se ha comido un ovillo entero, pero no sabemos dónde) que daban ganas de colgarla del árbol de Navidad. Si Maria no tiene pudor en mostrarse al mundo en sus egotrips de espejos de cuartos de baño, y Psikke presume de torear un Miura holandés pelirrojo y con flequillo, ¿por qué no presentar al universo entero a mi chucho, lazarillo de mis paseos por el monte, ladrido de mi corazón? En primicia y solo en este blog, el estreno mundial de Goricho (La Película). (Estoy ansioso por leer la crítica de Davichof, nuestro hombre en el Teatro Kodak de Los Ángeles).