Hago un breve paréntesis en mi silencio (breve también, pero intenso) para cascar aquí, a riesgo de pleitos por aquello de la propiedad intelectual, un pedacito de correo que me manda alguien que ya me envió un regalo de Reyes inesperado, y cuya identidad no revelaré. Bueno, para los iniciados, diré que suele despedirse con un galleguísimo bicos y que el sábado tiene un examen. Y no sé qué coño hace escribiendo correos pomposos y repipis cuando debería estar repasando, que hasta yo me estoy poniendo nervioso... ¿Que por qué copio y pego este trocito de mail? Por tres razones: 1) Porque iba a enmarcarlo (a pesar de su repipi pomposidad), pero si lo enmarco en el blog me sale gratis. 2) Porque es un crimen que un correo así duerma impunemente la siesta de los justos en gemeil. 3) Porque la política de glasnost no hace prisioneros.

Y ya me callo, que es lo que toca, no sin antes dar las gracias a todos los que han dejado caer un comentario en el post anterior. Va bene, va bene...

La translucidez, como los frenadoles, aunque revuelvan el estómago un poco y dejen mal sabor de boca, son lo mejor inventado para frenar esos procesos pantanosos de mentiras (o mocos) que no hacen más que crecer y crecer amenazando con sepultarnos, aún cuando no sabemos siquiera en qué momento nos empezamos a alejar, cuándo dejamos la transparencia y nos volvimos translúcidos, opacos o hasta un trampantojo simulando la transparencia del cristal.

Hay que ser muy valiente para atreverse a soltar todo eso que tenías guardado desde sabe Dios cuándo. Además, tienes que querer y respetar (mucho, muchísimo) a esa persona a la que le abres el alma y la mente; y no haciéndolo al ciberespacio de lo desconocido, sino cara a cara, sin alter egos laluz que te arropen ni máscaras prefabricadas. Hacerlo así; cuando sabes que arriesgas, que podría salir todo mal o te podrían mandar a la mierda; tiene más mérito porque antepones esa máxima de la sinceridad y confianza mutua sin ser forzado por las circunstancias y cuando todo jugaba en favor de la continuidad. Lo haces porque quieres hacerlo, porque quieres ser sincero... eso tiene que ser beneficioso para la relación, aunque ahora no lo veas (veais) demasiado claro.