En la tienda del tiempo hay una cámara de vigilancia. La cámara tiene ángulos muertos. En un ángulo muerto, la dependienta escribe en el reverso de una tarjeta:

Tengo los labios cortados por el frío. He merendado mandarinas. Su jugo escuece y cura. Cura y escuece. Tengo los labios estriados de tanta timidez repentina.

Alguien capaz de apreciar el contraste entre un labio y un cítrico, o mejor dicho, entre la palabra labio y la palabra cítrico (llámese mandarina, naranja o pomelo), alguien capaz de intuir que entre el escozor y el bálsamo hay un mundo por explorar, y darle vueltas al asunto en una tienda del tiempo mientras no hay clientes, es definitivamente un poeta. Alguien con la sinestesia a flor de piel, y la piel bien entrenada (a fuerza de caricias y cornadas, de besos y puntos de sutura) para captarlo todo, para respirarlo todo. Respiración cutánea. Algunos marsupiales respiran por la piel. El marsupial más raro del mundo se llama Julia Creek. Cuando nace no es mayor que un grano de arroz. Se alimenta de pequeños vertebrados, insectos, ratoncillos, lagartijas. Alguien cuya piel se estremece con palabras: la palabra marsupial, la palabra taburete, el verbo obnubilarse, es poeta. ¿Qué es poeta? Alguien que merienda lagartijas.