La noche del cazador, Charles Laughton, 1955. La vi cuatro veces de una tacada en la Filmoteca. Entré en el cine a las cuatro de la tarde y salí a la una de la madrugada, alelado, noqueado. Creo que nunca he tenido la piel de gallina durante tanto tiempo. Horas. Sigue estremeciéndome veinte años después de haberla visto por primera vez.

Charles Laughton no volvió a dirigir otra película. Fue un fracaso de taquilla y de crítica. Tanta belleza es difícil de digerir. Yo no la he digerido aún. Ni quiero. No voy a ponerme a recitar secuencias, pero si tuviera que elegir, me quedo con la huida por el río. Dos niños intentan escapar en una barca de un asesino implacable. Llegan a una granja. En el interior de una cabaña, una madre está cantando una nana.

Hush, little one, hush
Hush, my little one, hush
Morning soon shall light your pillow
Birds must sing in Yonder willow
Hush little one hush
Hush my little one hush

Rest, dearest one rest
Rest here on my breast
Little child with heart so brave
Angel hosts will keep you safe
Rest little one rest
Rest my little one rest.