Manué, makinero con ramalazos hiphoperos y aprendiz de dj que lleva toda la tarde atormentándome con un programa de mezclas, y yo, ochentero en vías de reciclaje, con una adolescencia heavy de la que reniegan sus tímpanos tiquismiquis, llegamos a un principio de acuerdo en gustos musicales. El armisticio queda firmado. A ver lo que dura la tregua. ¡Cagüendios!