Agua de Colonia
el 27 nov En: Postales - 6 comentarios
Años más tarde, cuando trataba de recordar cómo era en la realidad la doncella idealizada con la alquimia de la poesía, no lograba distinguirla de los atardeceres desgarrados de aquellos tiempos. Aun cuando la atisbaba sin ser visto, por aquellos días de ansiedad en que esperaba la respuesta a su primera carta, la veía transfigurada en la reverberación de las dos de la tarde bajo la llovizna de azahares de los almendros, donde siempre era abril en cualquier tiempo del año. Por lo único que le interesaba entonces acompañar con el violín a Lotario Thugut en el mirador privilegiado del coro, era por ver cómo ondulaba la túnica de ella con la brisa de los cánticos. Pero su propio desvarío acabó por malograrle el placer, pues la música mística le resultaba tan inocua para su estado de alma, que trataba de enardecerla con valses de amor, y Lotario Thugut se vio obligado a despedirlo del coro. Fue esa la época en que cedió a las ansias de comerse las gardenias que Tránsito Ariza cultivaba en los canteros del patio, y de ese modo conoció el sabor de Fermina Daza. Fue también la época en que encontró por casualidad en un baúl de su madre un frasco de un litro del Agua de Colonia que vendían de contrabando los marineros de la Hamburg American Line y no resistió la tentación de probarla para buscar otros sabores de la mujer amada. Siguió bebiendo del frasco hasta el amanecer, emborrachándose de Fermina Daza con tragos abrasivos, primero en las fondas del puerto y después absorto en el mar desde las escolleras donde hacían amores de consolación los enamorados sin techo, hasta que sucumbió a la inconsciencia. Tránsito Ariza, que lo había esperado hasta las seis de la mañana con el alma en un hilo, lo buscó en los escondites menos pensados, y poco después del mediodía lo encontró revolcándose en un charco de vómitos fragantes en un recodo de la bahía donde iban a recalar los ahogados.


Pues no sé por dónde empezar a comentar. Incapaz de imponerme un orden práctico, he ido saltando de enlace en enlace, al principio con la prisa de la avaricia, después tus textos me han ido calmando el paso pero no el apetito de seguir leyendo. Soy mala buscadora (vaga y distraída), pero me compensa mi buena estrella y consigo mis tesoros tropezándome con ellos. Me alegro de haber tropezado con otro. Es una gozada leerte.
Un abrazo.
Un despiste: se me ha olvidado comentar el artículo. Sólo iba a decir que la primera vez que lo leí, la imágen del primer trago de colonia me dio asco, y sin embargo, hoy, me ha sabido diferente, como dulce, no sé, será la edad.
una vez, haciendo un reportaje sobre alcohólicos anónimos, entrevisté a una chica que había bebido colonia. y alcohol de 96º rebajado con agua. y licor del polo... lo que pillaba.
un abrazo, milady.
¿Licor del Polo? No puede ser que un dentífrico toñe. No digas estas cosas por Internet, que luego la gente se come el Colgate... XD
Besinhos from Anita B. (alias "..." XD)
¡Y que algunos se preguntan de dónde sacan la inspiración los escritores! Para rebuscada, la vida misma.
"...", creo que también se comía el colgate, pero ahora no me acuerdo. luego miraré en mi archivo a ver si encuentro aquel reportaje.
buenos días, mebajoenlaproxima. :)