—Me probé ayer unos patines. ¡Qué peligro!
—¿Por fin fuiste al Decathlon?
—Sí, pero no era lo que yo esperaba.
—Nada suele ser lo que uno se espera, sobre todo si lo está esperando mucho tiempo o con muchas ganas.
—Ya te has puesto sentencioso.
—Y condescendiente...
—Sí, ya te sale el tonillo ése que odio...
—Pero cuéntame, mujer. ¿Qué tal con los patines? ¿Los compraste?
—¡Qué va!
—¿Por qué?
—¡Porque no podía frenar! Es otro concepto del patinaje. Es dificilísimo ponerse en movimiento. Y luego es dificilísimo parar.