Aprendiz de sanador
el 3 ene En: Retratos Sucesos - 3 comentarios
Mi hermano Rober tiene el don, aunque no ejerce como curandero, quizá porque en su fuero interno no se lo termina de creer. Ni siquiera quita el mal de ojo, que yo sepa. La abuela Lucrecia, sin consultárselo a mi madre, lo llevó, siendo un monicaco, a que aprendiera de Puche, un renombrado sanador de la Vega Baja especializado en afecciones dermatológicas, venéreas, reúmas, artrosis y problemas de circulación, entre otras dolencias variopintas.
El primer día, Puche observó a mi hermano Rober, comprobó de alguna forma misteriosa que efectivamente estaba tocado por la gracia divina, calibró sus posibilidades en el difícil arte del chamanismo huertano y departió con mi abuela mientras mi hermano se hurgaba la nariz. La conversación, breve pero muy adornada pues es una de esas anécdotas que se cuentan y recuentan en las cenas familiares cada Navidad, transcurrió más o menos así:
Puche: "El crío promete. Primero debe aprender a curar verrugas. Es lo básico. Verrugas simples y campaneras. Después, los papilomas. Ahí tiene que batirse el cobre. Más tarde los eczemas. Luego las bubas, brujones y culebrinas. Y quizá, si tiene tesón y sigue progresando, podrá curar los herpes. Los herpes son traicioneros, rebeldes. Hay que tener mucha fe. Solo entonces podrá meterle mano a las cosas de Venus".
Abuela Lucrecia: "¿Y las varices? No te olvides de las varices, Puche, que tengo las piernas fatal".


Mi abuela me llevaba a Gregorio "el huevero", un abuelete tembloroso, a que me curara un esguince (cágate). Y alguna vez acudí a otra anciana, también por algo similar (cágate x 2). Y la tía de mi madre quita el mal de ojo. Una señora que es más bruja (de mala malosa y perversa) que la madre que la parió, y resulta que te quita el mal del cuerpo (cágate x 67).
En fin, pa mear y no echar gota.
gregorio el huevero!
Prometer? Prometer? je je