Apocalipsis
el 10 ene En: Sucesos - 2 comentarios
Llevo a Manué al cole. Me asegura que los logaritmos neperianos los domina (hoy tiene la recuperación), pero no me fío un pelo. Lo dejo en la puerta. Allá va con su macutito. ¿Quién le hará hoy el análisis de glucemia en el recreo? Marta se pidió de enfermera el otro día. Le pinchó en el dedo. No le salía suficiente sangre y le volvió a pinchar, pero antes reguló la longitud de la aguja para añadirle 2 milímetros. Una chica emprendedora. Y un punto sádica.
Voy conduciendo de vuelta a casa. Busco una emisora. Paso de noticias... Quiero música, pero no los 40 Principales. Y el puñetero sintonizador digital se salta Radio 3... De pronto, una voz vibrátil y como poseída, angustiada. Es un radiopredicador. Declama con acento latinoamericano como si el fin del mundo fuera hoy, ya mismo:
—Salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: mete tu hoz aguda y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están maduras. Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios... Tenemos una llamada. Bendita seas hermana, ¿cómo te llamas?
—María José.
—¿Desde dónde nos llamas?
—Desde San Javier.
—Cuéntanos que te aflige.
—Quiero que recen por mi hermano, que está en el hospital, para que se ponga bien y encuentre la fe.
—Tu hermano estará presente en todas nuestras oraciones. El Señor quiera que sane de sus males, tanto los del cuerpo como los del alma. ¿Donarás, hermana?
—Sí, ¿va bien diez euros?
—Alabado sea Dios. ¿Sabes nuestro número de cuenta en la Caixa?
—No.
—Apunta, hermana... (los veinte dígitos, recitados despacito, repitiendo cada número, María José no se entera demasiado, pero consigue anotarlos, el radiopredicador se los repite todos de nuevo por si acaso).
—¡Aleluya, hermana!
—Aleluya.
—¿Por dónde íbamos...? Ah, sí... ¡Las uvas de la ira! Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos...
Llego a casa. Hago café, pelo dos kiwis.


-¿Qué tal el examen, Manué?
-Patatero.
-No me extraña, si no has abierto un libro.
-Me bajé problemas de logaritmos por internet.
-¿Y los hiciste?
-Sí.
-¿Cuántos?
-Alguno.
Entiendo que eres su padre y no te puedes reir...
y tienes que ponerte serio y hacer de padre...
pero así en confianza... leyendolo, da mucha risa...
porque se le ve bueno, adolescente, pero bueno (transparente).
:)