Autobús nocturno
el 14 ene En: Retratos - 3 comentarios
Yo esperaba el autobús nocturno en un bar de carretera entre Madrid y Barcelona. Unos pocos hombres bebían vino en vasos pequeños y sucios. Había una mesa de billar y por alguna razón me puse a jugar... Un hombre vestido con un fino jersei de lana apareció de ninguna parte y me invitó a un café. No hablaba inglés. Y su español no era mejor que el mío, pero tenía una sonrisa que daba confianza y la urgencia de alguien que necesita compañía. En aquel bar me contó que era de Senegal y que recorría España en busca de trabajos estacionales. Me enseñó una fotografía gastada que llevaba en su cartera: una chica joven de mejillas redondas. Su mujer, me dijo. Tuvo que dejarla allí para viajar a España. Planeaba reunirse con ella en cuanto ahorrase el dinero.
Al final fuimos juntos a Barcelona. Ninguno de los dos hablaba mucho. Él intentaba explicarme los chistes de un programa de televisión que proyectaban en una pantalla de vídeo encima del asiento del conductor. Poco antes del amanecer nos apeamos en una vetusta estación de autobuses y mi amigo me hizo señas para que le siguiera hasta una palmera pequeña, de tronco grueso, que crecía junto a la carretera. De su mochila sacó un cepillo de dientes, un peine y una botella de agua que me entregó con gran ceremonia. Nos aseamos juntos, entumecidos por el relente, antes de ponernos las bolsas al hombro y caminar hacia el centro de la ciudad.
¿Cómo se llamaba? No lo recuerdo. Solo era otro hombre hambriento lejos de su hogar, uno de los muchos hijos de las colonias colándose entre las barricadas de sus antiguos amos, organizando su propia y azarosa invasión de harapos. Y sin embargo, mientras caminábamos hacia las Ramblas, mi impresión era que lo conocía de toda la vida; como si ambos hiciésemos el mismo viaje, aunque hubiésemos partido de lugares opuestos del planeta. Nos despedimos. Yo estuve mucho tiempo parado en la calle, viendo cómo se alejaba su figura delgada y patizamba. Una parte de mí deseaba acompañarle en una vida de caminos abiertos y mañanas azules; otro parte de mí se percataba de que ese deseo era una idea romántica y parcial, como mi imagen de África. Hasta que me di cuenta de que aquel hombre de Senegal me había invitado a un café y ofrecido su agua, y eso era real, y quizá eso era todo lo que cualquiera de nosotros tenía derecho a esperar: un encuentro al azar, una historia compartida, un pequeño acto de bondad.
(La traducción es mía).


Ohhhhh, me encanta!
What a surprise!
Creo que mi parte negra empieza a ganar la batalla...
Algun día escribiré sobre un amigo de Costa de Marfil que me quería acompañar al metro a defenderme de los skin heads en Alemania...qué ironía!!
Besos!!!!
bueno, si si muy bueno
continue con este material por favor
un placer pasar por este lugar
como siempre
saludos a los animales bicefalos
"Hasta que me di cuenta de que aquel hombre de Senegal me había invitado a un café y ofrecido su agua, y eso era real, y quizá eso era todo lo que cualquiera de nosotros tenía derecho a esperar: un encuentro al azar, una historia compartida, un pequeño acto de bondad".
Precioso x 78. Vaya con Obama.