Politonos
el 21 ene En: Sucesos - 7 comentarios
El sábado me crucé con L., picoleto de atestados, al que conozco desde la época en que curré en sucesos. Prehistoria de mi vida. L. es un tipo sosegado, eficaz, serio (más que por las condiciones de su carácter, por las vicisitudes de su trabajo). Lo vi muy desmejorado, un deterioro evidente que no se correspondía con los estragos de la edad. No quise preguntarle, pero él intuyó mi interés y mi prudencia, y me dijo que estaba de baja por depresión. Yo hubiera bromeado. Le hubiera dicho que todo dios está de baja por depresión, o lo ha estado, o lo estará, forma parte del currículum de cualquier español. Pero le vi apurado, sobrepasado, y L. es un tipo serio, ya lo he dicho. Le he visto muchas veces llegar al lugar del siniestro con su ruedecita de medir las huellas de las frenadas y su perspicacia para dirimir responsabilidades a las que se agarrarán las compañías de seguros, si les conviene. Así que me limité a darle ánimos escuetamente. ¿Qué otra cosa podía hacer? Cuando ya nos despedíamos, me dijo que él ha visto accidentes de todos los colores, que lleva veinte años viéndolos. "Yo podía haber estado otros veinte años haciendo lo mismo. Es un trabajo. Sé desconectar. Pero de un tiempo a esta parte, cuatro o cinco años más o menos, hay algo que me hunde, que me deja chafado, que temo, sobre todo cuando hay fallecidos. Escuchar los teléfonos móviles sonando dentro de un coche accidentado o en el bolsillo del alguien que no va a responder. Eso me puede. Me ha podido, Carlos. Y lo peor es cuando son los politonos ésos de mierda. El reggaeton, el Cuñao, el himno del Barça, el Koala, el Por qué no te callas, el Chiquito de la Calzada, no puedo, no puedo..."


Supongo que todos sobrepasamos la linea en un momento determinado de nuestra vida. Pasamos de puntillas o de lado para no vernos "salpicados" y nos recubrimos con una capa densa que nos permita seguir viviendo sufriendo lo menos posible.
A mi no solían afectarme muchas cosas. La verdad es que siempre he vivido un poco ajena a todo, un poco en las nubes, pero últimamente no puedo con las noticias de los maltratos infantiles ni las de los maltratos de animales. Me duelen sus muertes como si fuesen mías. Las muertes de bebés son algo tan atroz que no puede explicar ni lo que siento por dentro y la muerte o desaparición de animales me entristece tremendamente. Hace poco salieron unas noticias sobre pinguinos y el casquete polar. Decían que al paso que va, los pinguinos no podrán sobrevivir, y ya ves, me puso a llorar como una tonta viendolos nadar ajenos a lo que se les avecina. Besos
hola murron (ya he visto que tienes doble personalidad, como mínimo, ¡quiero un globo!). si te pones a llorar con lo de los pingüinos, ummm... sí, es triste, mucho, pero a ver si estás incubando una depre...
besos de lunes.
Siempre he pensado que lo realmente terrible es ser capaz de ver tremendas miserias y que no te afecten... perder la humanidad o la sensibilidad es probablemente mucho mas terrible que ser capaz de hundirte... y luego salir, claro...
Buen lunes!
pd- te advierto... a veces al oir determinados politonos de la peña también me dan ganas a mi de cogerme la baja... no creas
ayer justo en las noticias se veía un accidente de tráfico de unos chicos jóvenes, no recuerdo cuantos habían muerto, fue impresionante oir el teléfono de uno de ellos sonando, entiendo a tu amigo
petonets
La gente no está enferma, la sociedad está enferma... acabaremos todos ansiosos o depresivos... ¡Habrá que cambiar el mundo!
Desgarradora, macabra y patética la historia del picoleto, los politonos y los fiambres de la carretera.....Y no me extraña que no lo pueda soportar y se deprima, teniendo en cuenta que hay peña que lo hace, lo de deprimirse, sólo porque se le ha acabado el mes largo de vacaciones y ha de volver a su oficina a tocarse las pelotas...
Es entendendible, el otro día en las noticias (no sé si fueron parte de tu inspiración) tuvieron la genial idea, o eso creían ellos, de poner los teléfonos móviles de un accidente con cuatro fallecidos veinteañeros, sonando, en un plano corto, lleno de vidrios rotos, sangre semiseca y amasijos de hierro.
Con la distancia desimplicadora que te ofrece la tele y con el recurso del mando para esquivar la conciencia a mi disposición, no pude sino quedarme petrificado escuchándolos sonar desesperadamente. Siempre es peor lo que uno imagina que lo que uno ve.
(empiezo a entrar con temor a tu blog, tienes la capacidad de revolverme el corazón con algunos de tus posts) ;-)
Dale ánimos a L. de mi parte, un saludo.