Excursión inesperada al Monte Roldán con la tropa canina, la hermana fotógrafa, el noviete y servidor. En el coche, Susana rodeada de Goricha Minusválida y las dos diablas de Tasmania, Filomena y Carlota. En el portaequipajes, Goran bosteza.

En mi tumba. Aunque no se aprecia en la foto, estrené el arnés de canicross con Goricho. No obstante, hizo casi toda la subida a su bola y sin atar, cagando y meando donde le venía en gana. No sé yo si estamos preparados para una carrera oficial.

Los perros prestan una atención inusitada al almuerzo.