Pues al final Anita tenía razón. Goran se había clavado una espiga en la pezuña, que había penetrado unos diez centímetros en la pata y se había infectado. Por eso cojea. A mediodía tuvo que pasar por el quirófano, previa anestesia. Ahora se recupera a mis pies, agilipollao, pero bien.