Y Carrioncito estuvo en la maratón de Boston. Y se plantó en Heartbreak Hill, en la milla 21, en el barrio de Newton, en la peor cuesta de todas las cuestas del mundo. Y retrató a los que deambulaban por allí, medio sonámbulos o medio muertos, al estilo Bruce Gilden, pero sin la agresividad de Gilden. Y lo que veo son personas, no atletas. Personas que corren con su vejez a cuestas, sus achaques a cuestas, sus kilómetros a cuestas, sus vidas a cuestas. Y es mucho mejor que ver a atletas profesionales batiendo récords olímpicos. Épica sin alardes. Pura humanidad.

Fotografías de Carlos Carrión