Lo que más me jode es la falta de consideración hacia los demás, la poca vergüenza, el inmenso egoísmo de palmarla con 51 tacos y ahí os quedáis. Vale que ya eras un zombi desde hacía décadas, pero tío, ¡tío! Mis primeros besos, mis primeros cubatas, mis primeras intuiciones de lo que de verdad era la poesía... Y la poesía no eran los libros negros de Visor o las traducciones de Hiperión que me dejaban frío, salvo excepciones, por mucho que me esforzase como aplicado lector, eran el sitio de mi recreo, la chica de ayer, una décima de segundo... Yo tuve quince años, tuve veinte años. Y eras como mi hermano mayor, mamonazo. Y me jode que te mueras, por mí, claro, más que por ti. Aunque bien mirado, ya era irrecuperable lo de tener quince años, veinte años. Pero hoy es más irrecuperable, si cabe. Mucho más.